La metamorfosis del hombre: del simio a las estrellas
Hace unos días terminé de ver por primera vez "2001: Una odisea del espacio" (1968) de Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke. Mi primera impresión no fue especialmente positiva. Conforme avanzaba la cinta, primaba en mí una constante sensación de desesperación. Entiendo lo que esta película implicó para el público en 1968 y aprecio el valor de trasladar la ciencia ficción a la gran pantalla con unos efectos visuales que han envejecido envidiablemente 57 años después. Sin embargo, siento que mi cerebro de generación Z es incapaz de disfrutar de 2 horas y media de metraje sin caer en el más profundo aburrimiento. Porque seamos sinceros: en "2001" pasa más bien poca cosa y puede llegar a dar la sensación de que lo único más inmenso que el espacio de Kubrick es su propio ego por pretender que aguantemos una escena de 6 minutos de inhalaciones y exhalaciones sin caer profundamente dormidos. Al menos esa era mi violenta opinión hasta que llegué al final y quedé a oscuras en la habitación rodeado de un profundo silencio. De repente, me sentía como esos astronautas flotando en el vacío de mi propio pensamiento. Maldito Kubrick, lo había logrado, su película no me había gustado, me había marcado.
Rápidamente cogí mi teléfono móvil y empecé a navegar por Internet en busca de respuestas. Primero vídeos de YouTube, luego hilos de discusión en Reddit, a continuación una página web que repasaba y explicaba la película con animaciones y, finalmente, un artículo sobre la única vez en la que Kubrick explicó lo que quería transmitir con ese críptico final. A las dos de la madrugada de un domingo de enero estaba bailando con el ingenio de Kubrick porque había entendido que lo que había visto no era una película sino una carta de amor de un padre a su hijo. Y como todo amor verdadero, se dicen las cosas bonitas, pero también las crueles verdades. Y en esta carta Kubrick y Clarke habían sido despiadados, pero justos.
Te quiero desde antes de que nacieses
Monos. Kubrick decide abrir su odisea espacial con veinte minutos de monos. Me lo imagino retorciéndose de risa mientras los baby boomers iban al cine esperando ver planetas y estrellas para encontrarse con un documental de la 2 sobre monos. Pero este chiste de mal gusto se convierte rápidamente en una genialidad cuando miramos la película desde otro prisma. Porque empezar hablando de monos tal vez sea, de hecho, la mejor forma de empezar.
Sic parvis magna. Como aprendimos en Uncharted: "la grandeza nace de pequeños comienzos". Y no hay comienzo más pequeño que una mano y un hueso. En "El amanecer del hombre", Kubrick nos sitúa en nuestro origen más primigenio para acentuar el contraste con el hombre moderno. Al principio no había ropa, ni edificios, ni vehículos, ni cohetes, ni estaciones espaciales. Al principio solo había vida. Y de la vida nace la inteligencia. Y con la inteligencia el mono se hace hombre.

Estos primeros 20 minutos tal vez sean los más importantes de toda la cinta, porque sirven para gritarte a la cara cuál va a ser el leitmotiv: la evolución es lenta y silenciosa, está manchada de sangre y no se puede frenar. Lo primero que hace el mono cuando aprende a manipular es destrozar huesos. Después lo aprovecha para matar a otros seres vivos y posicionarse así como la especie dominante del planeta. Finalmente, el mono utiliza el hueso para matar a otros monos.
En este punto se nos introduce un elemento disonante: el monolito. Se ha teorizado mucho con lo que este elemento representa, algunos hablan de que es un ser de otra dimensión y otros de que es una metáfora de lo que el cine representa para el espectador. Yo creo que la respuesta es mucho más sencilla: da igual. Creo que Kubrick y Clarke utilizan el monolito como un MacGuffin para señalar los hitos en la evolución de la humanidad y que son, de hecho, los tres capítulos en los que se divide la cinta. En este primer capítulo ha nacido el hombre de la Tierra, en el siguiente se convertirá en el hombre del espacio, y en el último morirá el hombre para dar paso a un nuevo ser. Porque no hay odisea más larga y adversa que la propia evolución de nuestra especie.

Pero aún te queda mucho por aprender
A partir de una enorme elipsis, nos vemos trasladados a un futuro año 2001 en el que la exploración espacial ha logrado asentarse. Podrían haber puesto un pequeño cartel como estamos acostumbrados a ver en otras muchas obras o limitarse a hacer un fundido en negro. Pero, en lugar de eso, deciden hacer una transición con el icónico plano de un hueso girando para pasar a una nave espacial. Es decir, milenios de evolución de la humanidad pueden resumirse en un concepto: la herramienta. El ser humano ha dedicado todo su tiempo a perfeccionar herramientas para facilitar su vida y alcanzar nuevas cotas de progreso. Empezamos con un hueso y ahora podemos orbitar en el espacio con sofisticados toros centrífugos y... ¿zapatillas de velcro?
Con el descubrimiento de un monolito en la Luna comenzamos el segundo capítulo: la misión a Júpiter. En este punto, el ser humano parece estar alcanzando los límites de la evolución. Ha logrado crear una inteligencia artificial llamada HAL que no comete errores y tiene un intelecto claramente superior. Juntos, afrontan un viaje al universo inexplorado a bordo de la Discovery 1 para encontrar el tercer monolito. El ser humano y sus herramientas superándose una vez más.

Pero HAL se equivoca. Detecta un falso problema en la nave que despierta la desconfianza de su tripulación. De repente, la misión está en peligro. Si HAL se equivoca con algo tan simple como detectar un mal funcionamiento en la nave, ¿cómo podemos estar seguros de que no se esté equivocando también en sus cálculos más cruciales? Lo más seguro es desconectar a HAL. No obstante, el hecho de que esté defectuoso no implica que su capacidad intelectual se haya visto mermada. Esta inteligencia artificial superior comprende que el ser humano está obsoleto. Sí, puede que hayamos logrado viajar por el espacio, pero seguimos necesitando zumos de frutas para sobrevivir y usamos zapatillas de velcro para caminar por un entorno para el que no fuimos concebidos. La carrera espacial se convierte ahora en una lucha por la vida. Como el mono que mató a otro mono, HAL asume su nuevo papel y, con una escalofriantemente silenciosa escena, comienza a matar lentamente a cada miembro de la tripulación sin que esta pueda oponer ningún tipo de resistencia. Su superioridad se pone de manifiesto, hemos creado una herramienta tan poderosa que ahora puede aplastarnos como lo que somos: un puñado de hormigas. Jaque.
Si HAL llega al monolito, será la IA la que dé el siguiente salto evolutivo y el ser humano se verá relegado a un mero trámite. Toda la esperanza de la humanidad recae sobre el último miembro vivo de la Discovery 1: Dave Bowman. La forma en que Kubrick y Clarke resuelven este dilema me parece excepcional. En medio del silencio del espacio, despojados y sobrepasados por nuestras herramientas, se nos plantea una pregunta existencial: ¿qué es realmente el ser humano? ¿En qué se diferencia un intelecto orgánico de uno artificial? ¿Seguimos siendo monos con herramientas? ¿O hay algo más?

La respuesta es la creación. Como si del mito de la caverna de Platón se tratase, la película nos hace una revelación. Nuestra evolución no se debe a las herramientas que tenemos, sino a nuestro ingenio y a la capacidad de ver donde no hay. No importa que estemos atados de manos y pies, nuestra mente siempre seguirá siendo libre. Dave Bowman decide estrellar y explotar su cápsula EVA contra el Discovery 1 para recuperar el control y apagar de una vez por todas a HAL. El creador domina a su creación. Jaque y mate.
Sin embargo, queda una pregunta por responder. ¿Se equivocó realmente HAL o era todo parte de su plan? Nuevamente caemos en las teorías, pero lo más probable es que sí se equivocase. De haber sido este su propósito, a lo largo del capítulo se presentan varias oportunidades en las que HAL podría haber acabado perfectamente con la tripulación sin necesidad de recurrir a engañifas ni de arriesgarse a mostrarse como un producto defectuoso. No es hasta que HAL se ve en peligro de desaparecer que recurre a su única solución para sobrevivir. HAL no es un villano, solo otro mono intentando evolucionar. Por desgracia para él, esta vez hay un mono más fuerte por encima. Y entre lentos sollozos, la historia de HAL ve su final.
El valor de toda esta secuencia es doble. Por un lado, comenzamos a valorar al ser humano más allá de lo material y entendemos lo heroico de la historia recorrida. Por otro, vemos cómo la evolución es una constante competición en la que no se debe bajar nunca la guardia. Un día estás en lo más alto y al siguiente estás muerto.

Bienvenido a casa
Llegamos a Júpiter y, con él, al tercer monolito. Bowman sale del Discovery 1 a bordo de una cápsula EVA una última vez, los planetas se alinean y da comienzo el tercer y último acto de "2001: Una odisea del espacio". Mi parte favorita de la película: la muerte del hombre. Toca viajar más allá de las estrellas, hacia el infinito.
Tras una innecesariamente larga escena psicodélica que representa el viaje de Bowman a través del espacio, llegamos a una curiosa sala que intenta ambientarse en el siglo XVI, pero un aura extraña la rodea. La sala está repleta de cuadros, esculturas y figuras clásicas, pero ni el estilo, ni la ubicación, combinan entre sí. El mobiliario tiene un estilo recargado, pero el suelo es de metal y está iluminado con grandes placas blancas minimalistas y futuristas. Todo se siente artificial, disonante y forzado. Porque, de hecho, lo es.

Bowman entra lentamente en la sala. No está asustado, ni extrañado, su expresión es más bien un estado de trance, un shock por todo lo que ha vivido. A medida que se adentra en la habitación, descubrimos de manera inquietante que ya no estamos solos. Un envejecido Bowman se encuentra cenando tranquilamente. Cuando se percata de nuestra presencia, se gira y se levanta para buscarnos, pero Bowman ya no está ahí. Con una sorprendente naturalidad, como si ya lo hubiese vivido antes, el viejo Bowman regresa y continúa cenando, hasta que se percata de la presencia de un moribundo Bowman en la cama. En esta ocasión, el moribundo Bowman ignora por completo al anciano Bowman y se limita a levantar un dedo como en la "Creación de Adán" de Miguel Ángel en dirección al tercer y último monolito. Cuando la cámara vuelve a enfocar a Bowman, él ya no existe. En su lugar aparece una nueva criatura: el Niño de las Estrellas.
Toda esta secuencia está cargada de simbolismo y su interpretación es plenamente subjetiva. Desde que vi la película he estado reflexionando y he acabado dándole una interpretación muy personal profundamente ligada a mi percepción de la realidad. Por lo tanto, antes de comenzar a hablar de ella, me gustaría animarte a darle tu propia interpretación y que no te conformes con lo que vas a leer a continuación, porque creo que, si algo querían Kubrick y Clarke con este final tan abierto era, precisamente, que cada uno pudiésemos cerrar la odisea a nuestra manera. Dicho esto, comencemos.
Bowman no se encuentra realmente en la sala. De hecho, la sala no existe realmente. Toda esta escena está sucediendo en una dimensión superior, más allá del espacio y del tiempo, que es imposible de ver representada con nuestra limitada mente tridimensional. El tiempo ha dejado de existir para Bowman y por eso empieza a ver todas sus versiones superpuestas. Conforme va comprendiendo las leyes del Universo, su actitud va cambiando. Inicialmente, se mira asustado desde dentro de la cápsula EVA. Luego, se mira en estado de shock cenando. Posteriormente, se mira con indiferencia, acostumbrado ya a la superposición temporal. Finalmente, ya no queda nada por mirar más que el monolito. Y, como si de Dios se tratase, yergue el brazo para cerrar el círculo. Es en ese momento cuando la evolución del ser humano se completa. Después de siglos de progreso, el homo sapiens ha alcanzado su cota más alta, nuestras herramientas ya no nos ayudan, sino que nos limitan. Nuestro cuerpo nos limita. Así que Bowman abandona su forma tridimensional para convertirse en un nuevo ser.
Creo que Kubrick decide transformar a Bowman en un niño, o más bien un feto, porque representa un estado de pureza absoluta. El Niño de las Estrellas está rodeado de una especie de cápsula transparente, similar a una placenta, porque Bowman ha vuelto a nacer y, quién sabe, tal vez un nuevo ciclo evolutivo esté a punto de comenzar.
En la última escena de la película, el Niño de las Estrellas se aproxima al planeta Tierra y lo mira silenciosamente. No queda clara cuál es su emoción, si es que la tiene, ni cuáles son sus intenciones. Pero me gusta pensar que regresa a la Tierra para ayudar al resto de la humanidad a dar el salto evolutivo. De hecho, tal y como yo lo veo, la Tierra que vemos al final de la película es la Tierra del pasado. Al estar más allá del espacio y el tiempo, el Niño de las Estrellas ha viajado al inicio para crear los tres monolitos y observar pacientemente la evolución de la humanidad.
Por lo tanto, sí, mi interpretación de "2001: Una odisea del espacio" es la del uróboros. Una historia cíclica en la que el mono se hace hombre para evolucionar a ser estelar y guiar posteriormente al resto de criaturas por el mismo camino. El monolito no lo crean los extraterrestres ni un Dios abstracto, el monolito lo crean nuestros hermanos para guiarnos. La sala del siglo XVI no es perfecta porque son detalles insignificantes al lado de todo el conocimiento del Universo asimilado por los niños de las estrellas. La odisea del espacio es un acto de profundo amor y admiración por la genuina capacidad de levantarse y seguir adelante de nuestra especie. Porque hemos nacido para hacernos uno con las estrellas.

Nuestra propia odisea
Como habrás notado, en estos últimos párrafos mis palabras han divergido hacia una reflexión muy personal sobre lo que somos y lo que seremos como producto del matrimonio entre el simbólico final de la película y mi particular visión de la realidad. Por lo tanto, considero que lo justo es cerrar este texto con una breve pausa en la carrera evolutiva para analizar el punto en el que nos encontramos y analizar las posibles amenazas a las que nos enfrentamos. Porque tal vez tengamos al depredador en casa y no nos estamos dando cuenta.
El 30 de noviembre de 2022 fue lanzado al público ChatGPT y con ello se inició un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. La ferviente adopción por parte de la población general de la Inteligencia Artificial generativa provocó un terremoto sobre los cimientos de la civilización moderna, porque, de repente, todas esas historias de máquinas haciéndose con el control de nuestro mundo empezaban a hacerse realidad. La Inteligencia Artificial había experimentado un drástico ascenso en sus capacidades y podría mantener conversaciones que hiciesen temblar al test de Alan Turing.
Han pasado dos años y medio desde ese día y el mundo ya no es como antes. La IA ha seguido mejorando y adquiriendo nuevas habilidades, como el poder de reflexión o la capacidad de navegar por Internet y realizar tareas complejas durante un tiempo prolongado. También ha pulido otras, como la generación de imágenes, vídeos y, muy recientemente, hablar. Sin embargo, no todo el mundo está satisfecho con la dirección que están tomando estos avances. Movimientos como el 'Anti-AI' por parte de la comunidad artística pretenden poner de manifiesto que no todo vale y que un progreso descontrolado puede ser peligroso. Hace apenas unos días conocíamos la noticia de que Amazon va a empezar a utilizar IA para doblar algunas de sus producciones al español latino y a inicios de febrero Microsoft anunciaba una IA para generar videojuegos. Los megalodones tecnológicos ven en la Inteligencia Artificial un medio para economizar en gastos reduciendo su personal aunque esto pueda traer consigo una pérdida de calidad.
Y esto es precisamente lo que me preocupa. Es un hecho que los grandes avances en nuestra historia han provocado que miles de personas perdiesen sus empleos, pero estos avances también nos han facilitado la vida acelerando los procesos productivos y generando nuevas profesiones, como la mía. No obstante, por primera vez en nuestra historia nos encontramos ante un avance que empeora la calidad del resultado. A día de hoy, la IA no escribe mejor que un periodista, ni logra expresarse como un actor de doblaje, y, por supuesto, tampoco es capaz de transmitir el sentimiento de un pintor. Y a pesar de ello, la IA ya está escribiendo artículos como un periodista, doblando como un actor y "pintando" como un pintor porque es más barato que un periodista, un actor y un pintor.
Pero el problema no queda ahí. Si cada vez se necesitan menos profesionales en ciertos campos, cada vez habrá menos profesionales capaces de discernir entre la verdad y las mentiras fruto de las alucinaciones de la Inteligencia Artificial. Recuerdo cómo de niño mis profesores hacían énfasis en no hacer copia y pega de Wikipedia ni usar el traductor de Google para nuestros trabajos porque los errores eran evidentes. Los niños de hoy y profesionales del mañana ya no usan esas herramientas, ahora se limitan a preguntarle a ChatGPT. Hemos pasado de buscar la información en los libros a buscarla en Internet y, ahora, a generarla. Hemos pasado de la fiabilidad a la duda y, ahora, a la incertidumbre.
Pero esto se puede oscurecer aún más. Este mismo texto podría haber sido escrito por una IA y jamás tendrías forma de saberlo. Poco a poco, el contenido generado por Inteligencia Artificial se está introduciendo en esas fuentes antes fiables, provocando que la IA empiece a alimentarse de su propio contenido y provocando que las alucinaciones den lugar a alucinaciones aún mayores. Uno de los conceptos más básicos a la hora de crear un modelo de Inteligencia Artificial es que es tan importante saber alimentarla de información como saber cuándo parar, porque llega un punto en el que la cantidad de información suministrada se vuelve inversamente proporcional a la mejora del modelo.

Ahora mismo nos encontramos a bordo de la Discovery 1 de camino a Júpiter con un compañero llamado HAL. Llevamos a nuestras espaldas siglos de avances verdaderamente sorprendentes y cada vez tenemos los procesos más optimizados. Sin embargo, a diferencia de en "2001: Una odisea del espacio", en esta ocasión no será HAL quien amenace con matarnos, sino nuestro afán de progreso desmedido, la búsqueda de un crecimiento exponencial eterno que solo puede acabar en el descarrilamiento. Estoy plenamente comprometido con la Inteligencia Artificial y el progreso tecnológico, pero creo que va siendo hora de levantar la mano y cuestionar si todo vale. Porque las empresas buscan acumular riqueza y los políticos votos, y en el sistema en el que vivimos, el que se para a mirar atrás es el que muere. Llegará un momento, y me temo que no muy lejano, en el que empecemos a asfixiarnos y la gran bola de nieve que es toda esta deuda de conocimiento acabe siendo imposible de frenar.
Decía al principio del texto que en el amor también se dicen las crueles verdades y yo amo profundamente lo que somos, por eso me preocupa la dirección en la que avanzamos. Si escribo todo esto es precisamente porque creo que aún hay margen para reconducir nuestro camino para convertirnos en Niños de las Estrellas, pero es necesaria una actuación inmediata, porque la era de la información empieza a teñirse de desinformación y nuestra esencia, la razón por la que buscamos evolucionar y mejorar, empieza a desvanecerse.
Por esta razón, seguiré usando ChatGPT en mi día a día para desarrollar, pero también seguiré consultando sitios como Stack Overflow para entender mi errores de programación y mejorar de la mano de otros profesionales. No me importará ver una imagen generada por Inteligencia Artificial, pero invertiré mis ahorros en cómics, películas y videojuegos creados por personas que buscan transmitir un mensaje. Y por eso seguiré escribiendo, porque en cada gota de tinta vertida queda también sellados los sentimientos, las vivencias y, en definitiva, la esencia de quien escribe. Porque la Inteligencia Artificial solo es una herramienta más creada por el ser humano para seguir avanzando, y una herramienta es inofensiva por sí sola, es el uso que le demos lo que debe ser temido. Creo que aún nos queda mucho por vivir y creo que lograremos sorprendernos una vez más con nuestra capacidad de avanzar, pero también creo que la crisálida puede romperse fácilmente y nuestra metamorfosis hacia seres estelares puede quedar varada en la inmensidad del cosmos. Debemos avanzar con orgullo, valentía y también con cautela, porque el Universo es hostil, pero alberga grandes bellezas.
"2001" no es una película sobre el espacio, sino sobre nosotros, sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que algún día seremos. El conocimiento es nuestro mayor legado y nuestra mayor responsabilidad, no debemos permitir que la prisa por avanzar nos haga olvidar la razón por la que empezamos este viaje: vivir, soñar y sentir un día más.
